HISTORIA DE LA DESTILACION

La destilación como tantas otras prácticas de uso en la química habitual, debe su invención a los alquimistas. Los orígenes de la alquimia pueden situarse en Grecia hacia el año 300 antes de Cristo, reuniendo contribuciones egipcias y babilónicas. Se han hallado representaciones en el Antiguo Egipcio que explican la destilación para conseguir esencias de plantas y flores. En cualquier caso sabemos que la destilación era ya conocida en la Antigua Grecia y en la Antigua Roma. Su mayor apogeo en la antigüedad parece haberse alcanzado en Alejandría entre los años 200-300 después de Cristo, siendo probable que sea en esta época cuando se inventa el alambique en su estado más primitivo, que los historiadores atribuyen a María la Judía, Zósimo de Panópolis. María La Judía, María La Profetisa o Miriam La Profetisa vivió probablemente en el siglo III y fue una de las primeras alquimistas. Algunas fuentes dicen que María La Judía fue Miriam la hermana de Moisés y Aarón; otros historiadores la identifican con María Magdalena. El Baño María es su contribución más conocida. La mención más concreta de su nombre en el contexto de la alquimia es junto a Zósimo de Panópolis, alquimista griego de finales del siglo III y comienzos del IV, nacido en Panópolis en el Alto Egipto, quien escribió los libros de alquimia más antiguos de que se tenga noticia, conocidos sólo por citas en griego original, o traducciones en sirio o árabe. Hay pruebas documentales de que los trabajos de estos alquimistas llegaron a los árabes y los elementos que utilizaban para la destilación son descritos por Marco Graco en el siglo VIII, en el que puede considerarse el primer documento histórico sobre la destilación de vinos, aunque no indica nada sobre las características del destilado obtenido.



Antiguo alquimista en su laboratorio


A comienzos del siglo IX se inicia el florecimiento de la alquimia árabe, que recibe la influencia de la escuela de Alejandría, junto a la de los trabajos realizados por los alquimistas chinos recopilados por He Hong en el año 300 después de Cristo en el "Bao Puzi". Los árabes recopilaron los conocimientos de los alquimistas existentes hasta la época en el llamado "Libro de Crates". Pero será la obra de Gerber (posible seudónimo de un grupo de alquimistas árabes), editada hacia el año 850, y que fue traducida al latín con el título "De Summa Perfectionis", la que traerá a Europa el pensamiento y los métodos de la química. Es innegable que la destilación para la obtención de alcohol es un descubrimiento árabe que algunos autores atribuyen a Ibn Yasid. Este descubrimiento no puede ser anterior al siglo X, puesto que la enorme obra del filósofo árabe Avicena (980-1037), auténtica enciclopedia de los conocimientos de su época, no menciona el alcohol, aunque sí describe detalladamente el alambique y relaciona minuciosamente sus aplicaciones. Por este tiempo Venecia comerciaba establemente con los árabes, por lo que parece natural que entre los estudiosos de la alquimia y de la química, existiese el interés por este aspecto característico del comportamiento de las sustancias.La palabra alcohol proviene del árabe Kohl. Se trataba de unos polvos negros que se lograban por destilación y tras solidificar de nuevo a partir de plantas que eran y aún son utilizados como pintura para los ojos de las mujeres del harén. Cuando el vino comenzó a ser destilado, dada la similitud del proceso adoptó el mismo nombre, Al Kohl.



"De Summa Perfectionis"


Es indudable que la primera utilización del alcohol fue como sustancia medicinal. En el año 1.100, la escuela de Salerno (Italia), distinguía dos formas, el "aqua ardens" de 60 grados alcohólicos y el "aqua vitae" de 90 grados. En el siglo XIII, se hablaba ya del "espíritu del vino", origen indudable del término "espirituosas" con que se generaliza la denominación de las bebidas alcohólicas. El primer nombre de auténtica importancia en la historia de la destilación fue Arnau de Vilanova, médico y teólogo catalán, profesor de la Universidad de Montpellier, quien en el siglo XIII divulgó los secretos de la destilación del vino en su libro Liber Aqua Vitae. Su tratado sobre vinos y espirituosos constituyó un manual en su época. Parece ser que de tan encantado que estaba con los poderes curativos y reparadores del líquido que lo denominó Aque Vitae (de aquí el término francés Eau de Vie). Para él, aquel licor constituía el elixir de la vida. Su discípulo, el filósofo y químico, Ramón Llul continuó con sus experimentos y lo llamó Aqua Ardens, agua que arde.. Sin embargo es imposible no encontrar en tales espirituosos reminiscencias de connotaciones rituales y mágicas profundamente arraigadas en los mismos orígenes de la civilización. El médico paduano Michele Savonarola (1384-1462) escribe una obra "De arte confectionis aquae vitae" extrañándose de que los antiguos escritores no hablasen del agua maravillosa.
Sin embargo los destilados obtenidos debían tener un sabor poco agradable, puesto que, para su consumo medicinal solía macerarse con hierbas o frutas, práctica que continúa aún en nuestras comunidades rurales, para elaborar licores tradicionales. Hay pruebas ciertas de que en el 1.600, la entonces potente Compañía de Jesús, dedicó una notable atención a los aguardientes. Utilizaban esta bebida para el consuelo de los que sufren y, casi consecuencia lógica, dedican una parte de sus no escasos recursos intelectuales, al estudio de nuevas materias alcohólicas y búsqueda de nuevas técnicas en el campo de la destilación.
En 1617, el agrónomo eclesiástico catalán Miguel Agustí, publica una obra en cuatro volúmenes con el título "Libro dels secrets d´agricoltura, casa rústica y pastoril" en la que describe detalladamente un alambique para obtener aguardiente de los orujos. En 1663, su cofrade, el monje jesuita alemán Atanasio Kircher, publica un tratado de química en el que señala claramente a los orujos como materia alcohólica, dándole carácter científico a su destilación. En el entorno de la Compañía de Jesús, las ideas y los descubrimientos tienen libre difusión y parece segura la cooperación entre el monje alemán y el también jesuita italiano Francesco Lana Terzi. El hecho de que los científicos se interesaran por la destilación de los orujos hace pensar que, en esta época, funcionaban muchos alambiques en las mansiones de los nobles y en las casas de los agricultores, para conseguir de los orujos y de los residuos del vino después de la fermentación, su riqueza alcohólica residual, para mejorar un poco la calidad de vida. No debemos dejar de lado que de la asociación de estos destilados con hierbas y raíces se obtienen valiosos remedios médicos presentes tanto en la farmacopea oficial como en la popular. Este desarrollo de la destilación de alcohol pronto llama la curiosidad de los gobernantes que implantan cargas impositivas, con lo que los destilados, especialmente el obtenido por destilación de orujos, se dividen en dos ramas de producción, la legal y la clandestina, la que hasta no hace mucho, era una forma de conseguir, a un menor precio, un producto calificado de primera necesidad.
Atanasio Kircher